Trasfondo

El Monasterio Ambulante, también conocido como el Monasterio de la Estrella Caída en virtud de una estricta misión, es una escuela monástica pandaren de la doctrina Tushui que se alinea con la Alianza al abandonar la Isla Errante. Se funda al llegar a Ventormenta como respuesta a la agonía de un mundo devastado y partido en dos mitades que implora auxilio a gritos.

A dondequiera que les lleven sus pasos, la misión de estos intrépidos estudiantes consiste en inculcar la sabiduría popular de Pandaria, de Liu Lang, el primer explorador, y de los Tushui a aquellos que quieran oír; y demostrar que el malestar de las gentes de Azeroth y de la propia tierra puede llegar a su fin. Un estudiante del Monasterio Ambulante se dedica a descubrir y a explorar cuanto puede de los pueblos allende la Isla Errante: bebe de su historia y de sus mitos, y se esfuerza por entender y respetar sus costumbres y motivaciones desde la curiosidad del turista y no desde el temor del extranjero.

Aunque el Monasterio Ambulante aboga por la paz y su objetivo es aplacar los estragos del conflicto bélico que asuela el mundo, no hesitará en pasar a la acción cuando la razón y la urgencia de las circunstancias así lo exijan. Su ubicación itinerante permite al Monasterio Ambulante intervenir donde sea más requerida su asistencia: combatiendo con inquebrantable disciplina y con pacífica determinación toda aparición del mal y cualquier perturbación de la armonía en el planeta.

 

Admisión

Todos los pandaren de cualquier clase y profesión son admitidos en el Monasterio Ambulante en la medida en que sean reverentes con su pueblo, con la corriente de pensamiento Tushui, con los demás estudiantes de la escuela y con los principios del monasterio. Los monjes de la Alianza son también bienvenidos al Monasterio Ambulante, pero otras personas de distinta clase y que no sean pandaren sólo podrán ingresar de forma excepcional y si son fervientemente adeptos a la filosofía Tushui.

La entrada de un nuevo miembro al Monasterio Ambulante debe ser avalada en comunidad por los estudiantes que componen la escuela, sin importar su estatus. No se practicará un reclutamiento activo sino pasivo. El Monasterio Ambulante recibirá, escuchará y tratará de comprender a todo el mundo, pero sólo aquellos que hayan probado que verdaderamente encajan con los miembros de la comunidad y con su forma de hacer las cosas y de ver el mundo serán aceptados.

Estructura

El Monasterio Ambulante se organiza de una forma parecida a la de cualquier otro monasterio, teniendo en cuenta la particularidad de su itinerancia.

Discípulo: La base y cimiento del Monasterio Ambulante. Los discípulos son neófitos, semillas que solo acaban de brotar: recientemente arraigados al suelo del monasterio, pero a la espera de recibir los nutrientes, el sol y el agua con los que germinar del todo. Un maestro los monitoriza y se ocupa de infundirles paciencia y perseverancia, dándoles los alimentos adecuados para que puedan llegar a fijar raíces y florecer. Cada discípulo es entrenado de forma independiente por un maestro de su oficio, de su clase o de su profesión, en función del camino que elija para desarrollarse.

Deambulante: Los deambulantes pueden haber sido discípulos de los maestros del Monasterio Ambulante o estudiosos que comparten los mismos valores de la escuela y que no necesitan de la ayuda gentil de ningún maestro para seguir aprendiendo. Algunos deambulantes son artesanos o mercaderes que permanecen junto al Monasterio Ambulante para proveerlo de los bienes que necesita para subsistir. Otros deambulantes son escolares o soldados de alguna clase: tallos que ya han adquirido la robustez suficiente para crecer y continuar explorando por sí mismos sus capacidades.

Maestro: Ser maestro es un gran honor que se concede no por los otros maestros, sino por todos los estudiantes del Monasterio Ambulante: discípulos y deambulantes de cualquier carrera y vocación. El maestro es alguien docto en un estilo de lucha, en un arte o un área del conocimiento. El número de maestros puede ser ilimitado, como las hojas de un árbol en primavera, pero todos se deben a la docencia: un maestro ha sido un deambulante que, de mutuo acuerdo, ha adoptado un discípulo. Extraordinariamente, alguien puede ser nominado maestro honorario sin poseer alumnos debido a su excelencia en algún campo de los nombrados anteriormente.

La libertad de los deambulantes y de los maestros es máxima para ir donde quieran. Pueden dedicarse a buscar retazos de la cultura pandaren en Kalimdor, mejorar sus habilidades en la elaboración de bebidas y de comida, incrementar su conocimiento general del mundo, o prestar su zarpa de auxilio allá donde piensen que es oportuna. Los discípulos están supeditados a su maestro y si bien seguramente éste les envíe a viajar en pos de algo, también puede optar por mantenerlos a su lado o bien alternar, en función de la lección que esté intentando impartirles en ese momento.

 

Convivencia

Los estudiantes del Monasterio Ambulante deben procurar ser comprensivos y respetuosos entre sí y con el resto de miembros de la Alianza. No hacerlo, iniciar una reyerta o sostener un intercambio de palabras hiriente es un motivo de dolor para todos, ya que ese tipo de acciones son el combustible que da poder a los Sha.

Sólo en casos extremos, y de manera unánime, los estudiantes del Monasterio Ambulante pueden pedir a uno de los suyos que abandone la escuela, al menos de forma provisional y hasta haber recobrado la armonía interior y la paz de espíritu. Ingresar en el monasterio conlleva asumir el compromiso de denunciar y de oponerse con firmeza a cualquier comportamiento que contradiga los principios de la escuela. Por eso, se aconseja cautela y se pide capacidad de entendimiento en toda discusión, pues incluso las disputas más enconadas pueden haberse originado por malentendidos.